Tengo una sonrisa, una sonrisa hacia la persona a la que una vez hace meses amé.
Esa persona que te cruzas por la calle, en un instante de prisas, de pronto únicamente sonríes, te sonríe y algo en tu corazón te dice: "aquí amaste".
Amaste a una persona a la que tuviste que dejar ir porque los trenes nunca pasaban a tiempo, esa persona que siempre reconocerás como una debilidad, como una parte de ti, pase lo que pase, aunque pasen los mismos años que nos separan.
Esa sonrisa secreta que esconde el amor, el puro, el de la felicidad de haber amado sin remordimientos. La aceptación de que no era el momento, de que no hay dolor ni remordimiento desde aquel momento en el que aseguraste "aquí amé".
Y señalas apuntando al momento, como si fuéramos eternos a cada instante. Una reliquia de la vida que delatan nuestras miradas, de sabernos cómplices de un amor que existió pero nunca llegó a ser.
Hay personas a las que amas, sin más. Amas, sin pretender retenerlas nunca a tu lado, pero eso sí, aunque sea como un recuerdo: amarás para siempre.
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