Un mes después de arriesgar la vida, puedo escribir aquí, sin prisas.
Pero ese frío que no se cura con mantas, ni con tazas de té caliente y humeante, no desiste. Me abraza tan fuerte que me asfixia... y mis labios cortados no encuentran palabras que decir.
Articular mis sentimientos es tarea imposible, el sonreír quedó obsoleto.
Me encuentro en un rincón de mis secretos... y no sé si son recuerdos o sueños.
Y no sé si habrá futuro o desvelos.
... ni si cuando volvamos a sonreír ya estaremos muertos.
Querido invierno, gracias por pasarte por mis sentimientos.
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