Desenfreno, drogas, maquillaje. El rugir de motores, el roce de la piedra de los mecheros ardientes.
Miradas pasajeras, embriagadas, ciegas.
Instintos que renacen, complejos atrapados en vasos de tubo repletos de hielos.
Lo idílico de una noche ficticia. Donde todas las marionetas buscan satisfacer sus mismos instintos, desenfreno.
Miradas furtivas, perdidas, suicidas.
Amigos de cinco minutos que únicamente cobran vida entre cubatas, risas vacías de argumento, peores que cualquier chiste malo.
Soledad masificada, pero soledad.
¿En qué nos convertimos? En infantiles y ridículos prototipos de personas, humillantes siluetas, incultos, descarriados.
Inservibles corazones en busca de las estrellas del cielo, sociedad marchita.
Sentimientos marchitos, valores perdidos.
Evasión perpetua e inservible.
Convertirse en objeto para amanecer con mal sabor en los labios de la noche anterior... Para amanecer con un corazón resacoso de hipócritas sentimientos.
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