Creo que ya te estoy imaginando... En mis silencios susurro tu nombre, gritan mis ojos un ojalá y te encuentro en esa fina línea que separa una ilusión de un parasiempre.
Que quizás sea lo mismo, que quizás solo seamos el espejismo de un sueño, el reflejo del otro en la mirada.
Pero luego llegas y me haces sentir, me llenas de luz y con la sutilidad de una sonrisa me haces volar, de pronto soy fuegos artificiales...
Y te lo cuento todo, hablo tanto por si fuera la última vez que te viese, con el fin de no ser un espejismo.
Y paseamos sin rumbo, con sentido único a vivir, una calle que podría ser cualquier país en el que seguimos el mismo paso.
Y si no acompaño del brazo me siento extraña, es natural... Como lo es hasta el silencio.
Y el tiempo se nos vuela, se nos escapa, los relojes se paran, ¿será magia?
Vuelvo a ser la niña que se disfraza de mujer dura y fuerte pero que se muere por verte.
Vuelvo a ser una chispa revoltosa en el aire mecida por el tono de tu voz, suspendida en el cielo.
Y te descubro encajando en mi mundo, comprendiendo mis momentos, compmetándome con los tuyos.
Y ahí, en ese abrazo que nunca es el último, en ese beso en la mejilla, en esas canciones en mi coche arreglando el mundo, hablando de nuestros mundos.
Ahí te juro que me quedaría a vivir.
Aunque solo sea un ratito, pero que sean cinco minutos más.
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