Los duelos hacia los animales son un poco como los de los adultos, un poco no, son igual.
Hoy he dicho adiós al que era mi favorito, y en realidad, creo que me estaba esperando para despedirle.
No sé muy bien cómo explicarlo.
Mis padres no querían que sufiera, querían evitarme que lo pasara mal sabiendo que había sufrido un accidente, pero yo quería estar.
Quería mirar de frente el precio que pagamos por querer.
Y no es justo, lo siento mucho, pequeño.
Te quisimos desde el primer día, ojalá no te hubieses ido tan pronto porque a todos nos enseñaste a querer de una forma increíble, nos hiciste cambiar los patrones, de queríamos como a uno más de la familia, porque eras un canalla que nos enamoraste.
Sé que los perros no sabéis que existe la muerte, sé que sois puro amor incondicional y a los humanos nos hacéis más humanos.
Ojalá vuelvas, sé que volverás. Eso te dije hoy mientras te acariciaba antes de que durmieras para no sufrir más.
Lo siento tanto, lo sentimos tanto.
Una muerte digna es decir adiós con cariño a quien amas, dejar ir, hacer que no sufra, despedir sin palabras con todo el amor que cabe en un corazón.
Echaremos de menos tus trastadas, que siempre estuvieses destrozando mis vaqueros, aquel día que me hiciste sentir que no estaba sola de nuevo, que te pegaste a mí y no tenía forma de alejarme.
No te traje a casa porque me daba pánico no poder cuidarte como te merecías, espero que en el cielo de los perros tengas mamis con vaqueros que morder y sofás a los que subirte cuando nadie mira.
Perdónanos, ha sido un accidente que ninguno deseaba que ocurriese.
Te queremos, gracias por tanto que nos has dado en tan poco tiempo, ojalá la vida no fuese tan puta. No lo entiendo. Eres increíble.
Gracias por esta vida.
Te esperamos de vuelta, vengas cuando vengas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario