Metimos el sol en nuestro cuarto, lo tapamos con la ropa que dejó de estar puesta y tumbados sobre el lienzo de dos pieles de amor nos hicimos arte.
Sonaban susurros de amor, teníamos aliento de hambre de piel y sed de alma.
Nos comimos, nos bebimos enteros... a sorbos lentos, a bocados intensos.
Con el empuje de nuestros cuerpos derribados el reloj del tiempo, ya nos corre la arena, nos corremos nosotros.
Y ocurre entonces eso: sucios, desaliñados, sangrientos, sudorosos, candentes y cadentes... la imagen más bella del mundo.
Es como cuando dejas de notar en una cicatriz un objeto extraño en nuestra piel... ya nunca más seremos dos extraños.... Lo siento, al igual que te siento verdad, al igual que el mundo sigue en guerra ahí fuera... mientras nosotros, aquí dentro, muy dentro, nos desarmamos, nos armamos de luz para luchar por volar, y así hacemos.... arte y luz...
Así somos paz, la paz más bonita del mundo, llena de mordiscos, arañazos, estocadas, pero sobre todo... amor.
Mi amor...
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