Ahora lo entiendo, he aprendido a ser gato y ratón.
O a ser plato y tajada.
O a ser perro del hortelano.
Quizás sea que soy del todo y la vez de la nada.
Que nada me vale ni nada me salva.
Que tengo argumentos para la guerra pero experta en trincheras.
Que puedo decirte que me da igual mancharme de barro si es contigo, pero luego me sacudo los pies antes de entrar...
Que te digo que me encanta bailar descalza pero solo si es en casa, que si digo de cruzar el semáforo tiene que estar en verte...
Pero luego tuerzo la esquina para frenar en el café de enfrente.
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