Verde nublado en tus ojos y pintado el cielo.
Pararse a mirar, el roce de tus dedos en mi mejilla.
El café, distinto. Las prisas, nosotros que ya no somos los mismos pero somos iguales.
La chica de ayer me mira despeinada, la de hoy pisa el barro con cuidado de no dejar huella.
Ahí estábamos. Los mismos almantes.
Veo los hilos de plata que visitan tu pelo y esas pequeñas arrugas tan hechas de tus gestos.
Los años me suspiran el amor del tiempo.
Tú, tú tantas veces.
Tan tú como siempre.
Tan nosotros como nunca.
El barro sigue fresco, en casa tengo los zapatos sucios y tus ojos en mi alma.
Y el atardecer con los pájaros decorando el silencio.
Tú parando el tiempo con esos ojos verdes nublados, como el cielo.
El sol asomándose a vernos, la belleza de momento eterno.
Vuelves y vuelo, aún sin tocarnos, sin beso y en calma.
Y el cielo queriendo decir algo...
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