¿Necesito demostrar a alguien que no es capaz de mover un dedo por mí y demostrar que merezco la pena?
Resulta que la A, no era de su nombre, era de ANSIEDAD.
¿Se supone que debo negociar mi intensidad con alguien que no es claro, coherente ni contundente?
Esa etapa ya pasó, pero duele. Duele la decepción, la desilusión, la impotencia, de no saber entenderse.
Como dice Valeria Castro "tiene que ser más fácil el quererse".
¿Pero quién soy yo? Nadie para ti. Pero sí para mí, por primera vez en mi vida me encuentro con unos silencios que pesan más que los míos. Será que la ansiedad es porque en este camino nos estamos equivocando, quizá es pronto para mí, quizá soy demasiado para ti. Sea como sea, sé que merezco la pena; y no tengo ninguna duda de que tú también la mereces, si no, no estaría aquí de esta forma escribiendo por ti.
Haciéndote parte de mi historia, como cuando tenía 15 años y los "casialgo" se me quedaban colgados en el alma durante un tiempo.
Pero esta vez es diferente, he luchado, peleado, me he abierto, he intentado aclarar los malentendidos, me he mostrado tal cual yo soy, ha sido paciente... yo que soy un huracán.
Pero me toca rendirme, con mucha pena, retirar mi energía y mi cuerpo de tu espera.
Ojalá todo lo grande que eres lo tuvieras de CORAJE, pero yo me rindo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario