Me digo, me miento.
Intento mentirte al gritarlo.
Susurro en el brillo de mis ojos que no es así.
Te grito.
Te grito tan muda que me asusta.
Y te odio.
Te odio tanto que duele.
Miro el movimiento de mis manos, lentas.
No saben muy bien ni qué decirte...
No tiene sentido odiarnos tanto.
Sin embargo, tendrá sentido no tenerlo.
Ya te olvidé, cuando me olvidé de cómo reconocerte.
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