martes, 6 de marzo de 2018

Tiempo líquido...

El tiempo fluctúa líquido, con las prisas con lo que nada se queda...

Vivimos como si fuésemos agua, con prisas... con la certeza de que nada permanecerá cuando amanezcamos mañana.

Vivimos líquidos... nos convertimos en el agua de la lluvia que no volverá a caer igual en este instante.

Tenemos el tiempo en un chorro de agua, parece eterno, como si fuera un manantial.

Cambiamos nuestro sabor, nuestro olor.

Nos volvemos fuertes y frágiles a la vez, no tenemos nada a lo que aferrarnos salvo a la soledad de ser nosotros mismos.

Nada será igual mañana. Todo lo que soy hoy mañana será una anécdota.

Nos abrazamos al silencio, a aceptar que el camino era diferente a como imaginábamos.

Pedimos a los atisbos de eternidad que se marchen, no vaya a ser que echen raíces entre las venas que enervan nuestros corazones.

Y vivimos como una ola solitaria que arrasa con todo, nadando los peces en ella pero sin dejar que se queden...

Nos movemos al son de las mareas, fluctuamos pero rara vez nos encontramos, y cuando nos encontramos es de forma muy breve casi preestablecida.

Giramos como si fuéramos planetas que orbitan en una misma galaxia y de vez en cuando compartimos órbitas pero por fuerza de la gravedad o de la vida acabamos alejándonos hasta que volvamos a cruzarnos, o no.


Cuando tienes la certeza de esta situación se acaba la angustia de cómo vivir... Sabemos que queremos vivir, en la introspección nos gritamos y volvemos locos intentando adivinar cuál es nuestro sino, dónde están las certezas que deberíamos tener ya... Pero vivimos de otra manera, ni mejor ni peor...

Estamos aprendiendo a vivir siendo moléculas de H2O , lo mismo nos congelamos que entramos en ebullición y vamos adaptándonos a lo que nos toca alrededor.

También buscamos la esencia, también nos buscamos, pero ya no de forma material ni social.

Buscamos la consistencia del SER que fluctúa y cambia, buscamos ser siempre los mismos aunque diferentes.

Vivimos adictos al cambio y a la emoción, pero a la vez establecemos unos pilares de vida a la hora de lanzarnos a navegar por el mundo.

Quizás simplemente no estemos en crisis, ni debamos lamentarnos por los tiempos que nos han tocado vivir, quizás sin más... estamos en un continuo...

Los de antes, ahora son hielo.

A los nuevos, el líquido les encanta y buscan la ebullición.


Quizás las juventudes sepan más de ellas mismas al reinventarse y mantenerse en ellas.

Quizás no, quizás sea todo lo contrario y vivimos en un continuo existencial.


En mi opinión personal: no me arrepiento de haber sido agua, de haber tenido que reinventarme varias veces con la certeza de que no será la última, todos estos cambios cada vez me han llevado aún más hacia mí misma.

Quizás sí es cierto que ya no aspiro a la vida que vivieron mis padres, ni mis abuelos... pero la clave considero que está en saber adaptarte a lo que te ha tocado, y VIVIR, al fin y al cabo es una experiencia personal y única.

De pequeña ya me dijeron una vez "Be Water"  y a día de hoy, puedo afirmar que le hice caso.

Otra vez me dijeron "Olvídate de ti"  antes de Selectividad y funcionó.

Porque vivía presa de lo preestablecido, no me dejaba fluir y siempre tenía en mente quién había sido y que tenía que actuar en consonancia de eso....

Ahora, varios años después si hiciera una fusión de esas dos frases "be water y olvídate de ti" diría que es el lema más intrínseco de mi vida, gracias a que un día me enseñaron a descubrir que existía la posibilidad de encontrarme y ser feliz, convirtiéndome en agua.





Va por ti, Belén. 
   
G r a c i a s 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Luchar contra la realidad

 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...