No nos hemos peleado, sigo siendo la última romántica en mis ratos libres y seguiré apareciendo por aquí de vez en cuando lanzando mis palabras a los silencios. Pero estoy bien, estoy volando a otros cielos desde hace meses. La vida ya no es tan azul y se ha convertido en un color atardecer.
Han pasado lunas que sabían a poco, lunes en los que todo volvía a girar y demasiadas vidas en pocos días.
He vuelto a soñar, a la vez que he vuelto a ser estrella fugaz que pasa cada equis años, no sé. No sé muy bien hacia dónde estoy girando lo que sí sé es que estoy en el lugar correcto, en el momento correcto.
Ha vuelto a aparecer una persona, por la que más de alguna vez sentí. Nos hicimos todo lo que se hacen aquellos que estaban destinados a encontrarse, fuimos postal, bares e incendio. Varias veces, muchos cafés infinitos e intensos, como me gustan.
Este chico me gusta, me gustó siempre... pero como siempre, nunca nada llega en el momento adecuado... y ya no me produce esta frustración de hacía años, esa angustia trascendental de que la vida se acababa.
Ha vuelto a mi vida, la historia volvió a suceder tal y como la dejamos, en un beso.
No tengo miedo, él no me produce miedo. Me abraza y aunque me quedaría a vivir ahí, yo me sigo sintiendo libre.
Es una persona que aparece y las tormentas dejan de tronar, un mar en calma, un sol radiante.
De él, solamente me queman las ganas. Me mira y se despiertan todas las mariposas, me olvido de mis apellidos y es capaz de encontrar la magia en los efectos especiales.
Yo me iría con él a Cualquier Otra Parte, porque parece que las canciones se ponen de acuerdo para sonar si nos encontramos.
Fue un desliz sentimental, aún me sigo resbalando... Pero es que él le está sacando brillo a mi alma sin darse cuenta.
Sonrío más, vivo en el momento.
Quizás sea por eso por lo que soltar las palabras en silencios ahora mismo deja de tener sentido. Cada momento tiene sus palabras, sus caricias, sus miradas.
Él me coge de la mano, encajan se buscan, si fuera por mí le regalaría mi piel porque la cuidaría mejor que yo, si fuera por él sé que sus labios se quedarían a vivir en los míos.
Hace mucho que no tengo prisas, aunque viva pisando el acelerador para no llegar tarde a la vida.
Pero la cuestión es que, a estas alturas, hasta los semáforos en rojo me gustan.
Que me gusta cada vez más la canela porque me recuerda a sus besos, que sus ojos los llevo clavados dentro.
Que no tengo prisas, que prefiero vivir. Y no estoy intentando vender ninguna moto de buena vida.
Claro que voy al máximo, porque si se trata de vivir hay que hacerlo hasta quemarse.
Estoy en el sprint final de mi carrera, soy la mujer imperfecta de la que me encuentro orgullosa de haberme convertido y claro que tengo aún ojos de niña, pero es que los niños a día de hoy son unas de mis pasiones.
Que todo va bien, que solo es un respiro.
Que prefiero de vez en cuando actualizar todo lo que vivo.
Pero por una vez en un largo periodo de tiempo, aunque los gilipollas volviesen, dejaron de tener sentido.
Así que gracias por aparecer, chico de ojos preciosos, hace mucho que formas parte mis lunas.
Estás en mi lista de sueños cumplidos, de pecados compartidos.
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