martes, 19 de marzo de 2019

Al filo de la primavera

Al filo de la primavera resurgen las dudas, el calendario de vuelta a cero, ya solo quedan tres estaciones para volver a empezar.

La sangre se altera, mientras nosotros queremos estar felices siempre.

He estado buscando demasiado tiempo, a veces queriendo olvidar y otras queriendo encontrarme.

Pero siempre buscaba alguna boca suicida que creyera en la magia para poder creer en mí.

He vivido en un frenesí de emociones pero echando el freno de mano antes del despegue, no fuera a ser que fallase el vuelo.

Y me volví adicta al café, viviendo la vida entre cafés y pitis que nunca fueron rápidos.

He vivido sin frenos pero de puntillas, no fuera a ser que me enamorara.

Teniendo cada emoción encorsetada bajo la razón, intentando ser siempre mi mejor versión, intentando que no me hicieran daño.

Pero el orgullo duele, nos hace daño. Nos ponemos una coraza para que nadie arañe nuestro orgullo con sus sentimientos, nos ponemos una cuchilla entre los dientes y solo nos encontramos de vez en cuando en un abrazo.

Nos protegemos de los que más queremos, dejamos ir a los que nos dan vértigo... y damos el portazo antes de que esa persona se haya marchado.


¿Por qué cojones pensamos tanto?

No lo sé, vivimos como si la vida y las relaciones fueran una fórmula matemática, un alto rendimiento continuo.

Echamos un polvo a la primera y prometemos la luna, nos olvidamos de que ella seguirá saliendo por las noches.


Nos llenamos el olvido de memoria, de promesas por cumplir que por orgullo tiramos a la basura cada vez que limpiamos la habitación los domingos.

No entiendo nada, mejor dicho, no quiero entender nada.

Nos hemos vuelto controladores aéreos de las flechas que Cupido lanza.

Y nos volvemos adictos al amor por azar, pero si a la primera no recibimos lo que nuestra fórmula pide cambiamos de máquina de azar.

El amor, hoy en día es como un salón de apuestas, si una máquina no te da, le echas a la ruleta.

Y están los que juegan, los que miran, los que no entran....

Y seguimos los soñadores,  por algunos bares, creyendo aún en las flechas de cupido... Pero luego llega el domingo y reseteamos el vuelo.


Yo este domingo decidí ser de las que NO juegan, porque de tanto buscar y encontrarme en abrazos, me di cuenta de que la magia no solo la tenía el otro, yo sin más me regalaba...

¿Buscando qué?

No lo sé, pero he decidido buscar ahora dentro de mi alma, de lo que yo esperaba.

El porqué te esperaba.

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