Cada uno, dejamos de ser dos.
Cada uno sintió que no podría ser nunca más...
Cada uno y ya no dos.
Triste realidad serena, aceptar que la vida nos unió para alejarnos.
Aceptarnos, libres y fieles de ser verdad sin mentiras contaminadas por la realidad difuminada de nuestra pasión que nos hacía matarnos a besos.
Querernos a versos.
Olvidarnos hasta mordernos.
Fue triste, lloran tus ojos. Duele el pecho.
Trajín de historias.
Desidia del presente.
Nos pusimos el cartel de cerrado por derribo y como niños jugábamos en la casa en ruinas que teníamos por hogar llenándola de flores.
Pero ya no éramos inocentes.
Somos culpables por habernos soñado demasiado hasta olvidarnos de que para amarnos era necesario desarmarnos...
Por eso me marché, con los pies llorando.
Por eso dejé de caminar por las brasas.
Porque el fuego que nos recorre me consumía lentamente, se consumía, asfixiaba.
Dulce veneno tóxico, el de tus labios.
Bendita mirada de la que bebía cada noche...
Me llenaste de poesía, de besos, de despedidas.
Me llené de lágrimas, de abrazos, de bienvenidas.
Hasta que ya no pudimos querernos más.
Amor finito.
Te mando el finiquito con estas palabras.
Siempre te echaré de menos....
Me enseñaste a amar, a amarme, a amarte....
Pero también me enseñaste qué debía hacer para marcharme.
Esta vez, fue vida o muerte. Vida: amor. Muerte: reproches.
Ganó la muerte... pero somos inocentes.
Dos niños a los que le quedaba grande el traje del amor de adultos.
Te amaré por siempre, dispara Peter Pan a Wendy....
Volaron a Nunca Jamás.... quizás si mires al cielo aún puedas vernos....
Aquí, ya.... sólo queda un cuento.
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