martes, 5 de julio de 2016

Ampollas...

Cuando llevas horas y horas andando con los mismos zapatos llega un momento en el que ya no puedes soportar más el dolor y cada paso que das es un martirio.

A la mañana siguiente amaneces con unas ampollas enormes, burbujas que hacen de cicatriz del esfuerzo del pasado, está vez les pones almohadillas, caminar es más fácil y al final del hábito el dolor desaparece.... pero cuando llega el final del día para seguir camimando la única opción es seguir descalza.
Al descubir los pies te das cuenta de que habían aún más burbujas sobre burbujas... intentas aguantarlas, que se curen solas. Las tapas, les pones unas gasas y tiritas... y vuelta a empezar en los zapatos dichosos.

Insoportable, el dolor quema y paraliza todo el cuerpo... a veces aún me pregunto cómo un meñique tan pequeño puede causar tanto daño...

El dolor aumenta, y finalmente, antes de tiempo decides acabar con el dolor... y explotar la burbuja.

Duele, es una decisión difícil. Pero cuando le pones la pomada del tiempo y las sonrisas de tiritas.... al final sana antes. Aunque aún duela, ahora ya puedes caminar...poco a poco... hasta que salga roce, aunque nunca olvide cuánto dolieron... ahora sé que debí haberlos pinchado con la aguja de la realidad antes.

Y dejar que el la herida sane desinfectada de mentiras. 

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