Caminar por las calles silenciosas de brisa caliente de Murcia, sensualidad suave y cálida que me mece despacio, lenta, mía.
Observo semáforos en verde, el ruido de los pasos de los enamorados que se abrazan fuerte, ¡que ellos son el calor de Murcia, coño! Y aun así el mundo no lo entiende.
Motores cobardes, borrachos, taxistas fumando, chicas solas, chicos solos, algunos acompañados; todos a la espera de que ocurra algo.
Algo...
Ese mismo algo que ya está ocurriendo, ese mismo gerundio de un abrazo de dos, que ve un tercero, que escribe en su mente el poema más bonito del mundo en aquella Gran Vía, con tinta invisible mientras camina.
Y ahí lo deja, esperando como uno más que pase algo, ese mismo algo que está pasando.
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