jueves, 7 de julio de 2016

Tengo una china en el corazón.

Dolía y gritaba, no dejaba correr la sangre.

Un ictus de sufrimiento a cada instante.
Parálisis en las comisuras y los labios.

Mierda entre los dientes de los besos llenos de mentira.

"Adiós" le dijo, escupiendo la mierda al suelo y dejando que la piedrecita atravesase el pecho.

Ahora queda un hueco en la piel y dentro del pecho, pero todo duele menos.

Sonríe y la sangre corre caliente por sus arterias.

Así sí es vivir.

Se perdonó y le dijo un "Adiós" que pesaba más que un yunque, en una lámina de hierro escribió de testamento "ya no más te quieros". Y se marchó, lejos, muy lejos. A un lugar donde nunca más volviera a encontrarla.

Tenía una piedrecita en el corazón, peor que la china en un zapato.

Le dejó la china con sus besos, manchada de rojo sangre de sus labios.

Y se marchó a curar las cicatrices con agua de mar y sonrisas. Se tumbó al sol de un nuevo día y le susurró a la vida: "Tenías razón, el peor te quiero del mundo es aquel que se dice entre mientras".

Y soltando las promesas atadas en cometas se liberó del dolor de un amor que era de todo menos esas exactas cuatro letras. 

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 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...