viernes, 18 de noviembre de 2016

Aguamarina...

Me preguntan por un color y te nombro en silencio, mi semáforo no está en rojo ni en ámbar, es azul: libre como el viento y verde: de esperanza.

No eres tú el que lo compone, pero sí eres tú el que lo inspiras.

No somos ni seremos más, seguiré conociendo, bailando y riendo.

Pero no dejaré a cualquiera probar mis besos, que ya tengo la certeza de que no serán tus labios; entonces no me merece la pena.

No quiero el calor de cinco minutos, que luego el frío quema.

Que no necesito más que a mí misma.

Mejor si es conjugada comtigo.

Que la vida es preciosa, el norte es inmenso... su otoño me recuerda a ti, la caída de las hojas mecidas sobre el suelo, como tu cuerpo sobre mi cuerpo.

El calor del sol, en el frío de mis huesos.

El viento en mi pelo, como cuando tú me inspiras hasta dentro, descifrando mi aroma.

Pintando con caricias mi lienzo.

Comencé por el aguamarina, pero lo cierto es que acabé en un te quiero, también libre.

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