Hemos pintado la casa, entre cervezas, silenciosamente incendiendo el momento un sábado, pensado que el domingo las cenizas se las llevará el viento.
Te metes en mi universo, de sangre, flujo, saliva, besos, piel, pelo, estrellas y sexo.
Entras en mi locura y provocas mi explosión en un instante con tu vivaz mordisco de deseo.
La más pura dulzura entre mis curvas.
Tus dedos en cada punto cardinal de mi ser.
Efímeros pero eternos.
Quién lo iba a decir, que cinco años de desvententaja me darían la oportunidad de conocerte... de atraparnos tan sutilmente, intentando negarnos el caos con silencios.
Gritándonos a besos.
Juntando las coordenadas de nuestros nortes para dar exactamente con nuestro tesoro, hace años perdido sin interés en encontrarlo.
Caminar intentando no mirar atrás, intentando no seguirnos, evitando agarrarnos de la mano por si nos enamoramos.
Imantados por las casualidades de nuestra mirada.
Tan desnudos, en multitudinarios lugares.
Tan exactos, con sólo conocer nuestros nombres.
Con mis colores y tus tonalidades, senderos de sonrisas y paredes de mar; el tejado fue el techo de tu coche.
En tu portal o en el mío.
El incendio más mágico: encontrarnos de nuevo.
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