Me convierto en hormiga: sin nombre, negra y pequeña.
Apenas ves mis ojos cuando paso por tu puerta, a pasos rápidos para pies inquietos, para no encontrarte y de golpe me tropiezo con tu mirada.
La hormiga se convierte en hormigueo, en el vientre: cosquillas, diminutas pero voraces.
El hormigueo se transforma en incendio: un fuego frío que quema y calienta a la vez; estrambótico.
El incendio se vuelve lluvia; caigo sobre tu mejilla en forma de gota.
La gota, se enrojece en tu piel: se evapora.
Siendo vapor me convierto en humo...
El humo en verso, el verso en tiempo...
El tiempo..... ¿Qué vendrá después?
Quizás: el beso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario