Parece que nunca tomo ninguna decisión, últimamente siento que o bien todos deciden por mí, o bien yo soy una mera marioneta de mis situaciones y me dejo llevar por la respuesta más fácil, la respuesta más rápida e instantánea para sobrevivir en un instante.
Es más fácil que otro tome la decisión y luego afrontarla, es más fácil. Implica menos responsabilidad que el otro decida que se acabe o luchar para siempre.
Llevo años esperando que sea la otra persona la que decida, que esa decisión sea por la que he luchado, pero no se puede luchar eternamente en silencio.
Como una cobarde que solo es capaz de escribir aquí, que solo es capaz de decir lo que piensa en estos post.
Dejo que el resto del mundo tomen las decisiones de la vida que yo vivo, y siento rabia y a la vez paz de que no haya sido yo nunca la que rompe las historias, las quema y las tira por la borda.
Porque mis almantes forman parte de mi alma, forman parte de ella para siempre.
Me he dado cuenta de algo estos últimos días: te he estado buscando hasta cuando me he perdido.
Te buscaba en otras caras, en otros cuerpos, en otras ilusiones, te buscaba por cada atisbo de amor que encontraba por las carreteras.
Quizás fallé al no saber nunca decirte cuánto había llegado a quererte, pero yo también tengo mis miedos, y no existía mayor miedo que perderte.
Por eso he decidido perderme yo, porque ya me comencé a perderte cada vez que te encontraba a ti a ratos. No se puede vivir eternamente a medias y menos cuando cada vez que te siento, lo que nace dentro es más puro.
Javier, no sé qué pasará mañana, solo sé que tras estos últimos meses solo quedan 3 opciones, no decirte nada y desaparecer, decírtelo y que me pidas que desaparezca, pedirte que desaparezcas y no decírtelo nunca.
P.D. Todas las anteriores son falsas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario