miércoles, 26 de junio de 2019

El amor del que soy presa...

Soy presa del amor que siento, presa del sentir, presa del momento. 

Hace mucho que no hablo conmigo misma, quizás ahora sea el momento de ello, de volver a desnudarme como hace mucho tiempo nadie es capaz de hacerlo.

Me he convertido en una fuerte-valiente, pero la realidad también tiene planos diferentes. 

Soy más fuerte que hace años, ya no siento con tanta facilidad, ya no sueño con tanta fiereza. Pero sigo en mi camino de avanzar hacia un mañana en el pueda asegurar que estoy orgullosa de ser la mujer que soy, de hacer las cosas que hago, de lograr las cosas que he conseguido alcanzar, de mi puñadito de sueños cumplidos. 

Cuando era pequeña no imaginaba que el amor fuera con los colores con los que hoy lo vivo, ahora el amor es de color verde pálido casi marrón, ¿cómo es el amor marrón?  me preguntarás, es como un atardecer apagado, imagina que a un atardecer le quitas su esplendor, sería negro, negro pero con algo de luz por la hora del día, pero como las montañas son marrones, entonces el amor es marrón. 

Suspendí la filosofía del pensamiento y los silogismos, para la siguiente entrada recuperaré mis apuntes y haré razonamientos correctos, pero como este escrito es para mí, yo me entiendo. 

El amor a día de hoy es marrón, porque no sabemos cuántas noches más aguantará el sueño, nos enamoramos despidiéndonos, sabemos que somos como los ríos que bajan de las montañas, más que ríos, riachuelos.... el vendaval que ponía patas arriba nuestras vidas ya no arrasa con nada, porque no queda gran cosa con la que arrasar. 

Mis congéneres y yo somos esqueletos emocionales, recordando amores del pasado como si fueran guerras de las que nos condecoraron por haber sobrevivido a la masacre. 

Mi "yo presente" vive en un devenir de historias, historias que algunas de ellas pasan por aquí sin dejar huella y otras viven durante eones esporádicos, si me preguntan si amé el último año diría que "un poco", mentiría, porque lo que sí he aprendido es a mentirme a mí misma y engañarme, con historias que siguen vivas, historias que me han despeinado la cabeza pero no el corazón, historias de esas que se disfrazan de ilusión. 

Pero luego están otras historias, las que no se acaban... y volverías a leer cada capítulo mil veces más. 

Este año ha estado repleto de mis amantes del alma de hace años, uno en especial... aparece en las anteriores etapas, gracias a los otros almantes me di cuenta de que con él sí habría saltado al vacío, pero no por él, sino porque yo quería saltar. 


Entonces como quería saltar al vacío de la edad adulta, de la que tantas veces me he declarado enemiga, entonces salté. 

¿Qué me encontré? 

Todo era marrón, todos los ojos, todos las almas, eran de color marrón, ¿será este el color de hacerse viejo? 

No lo sé, solo sé que vivo en una escala de marrones, todos bonitos, pero he aprendido una cosa nueva, el marrón combina bien conmigo. 

Estoy sola, pero ya no tengo miedo. 

Antes no tenía miedo de dejarte ir sino de descubrir quién era estando conmigo misma. 

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 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...