Hoy en un intento de limpiarlo todo abrí la maleta rosa, aquella famosa por su elefante pintado.
Olía a pasado y eternidad efímera, polvo.
Rosas marchitas, cartas amarillentas, la tinta impregnaba hasta el alma.
Lloré, lloré y me sentí ridícula ante el pasado, ante algo tan eterno y tan preciado guardado a retales.
Trozos sin sentido, tardes que vuelven como fotogramas al encontrar un elástico, juegos de niños, cada rincón que se había vuelto gris de golpe cobra vida de nuevo por un instante.
Por un momento daría todo lo que tengo por volver a ese instante, aunque fuese un instante, pero ya nada queda.
Sólo una maleta llena que guarda un vacío de vértigo.
Promesas y eternidades, el arte. Los días de arte.
De golpe me encuentro en el mismo punto de inflexión ante su caligrafía tan concreta, un abrazo de dolor.
El sabor de un beso en una carta, en cada despedida.
En tantas veces que creí que aquella vez que cerraba la maleta sería la definitiva, el perdón.
Acaricio el pasado, como quien es infiel, como quien comete un pecado.
Me devora un temblor y caigo en la música de nuestra antigua historia, se para el tiempo en aquel agujero de gusanos.
En un universo de estrellas que ya no existe, aunque las estrellas sigan siendo las mismas.
Lo mágico de todo lo que aguarda esa pequeña maleta me atrapa. Unos minutos, quizás horas; masoquistas.
«te quiero»
Tanta intensidad había ahí, en esa frase tan común... quizás simplemente debía pronunciarlo por todo el tiempo perdido, por todas esas señales inmanentes, por cada palabra que dejamos en manos del universo.
«Te quinquinué...»-
Suspiro y comienzo a meterlo todo de nuevo, hay amores que al cuarto de vida parece que seamos ancianos al recordarlos.
Hay veces que la vida cabe en seis mil centímetros cúbicos...
Intentamos de alguna manera conservar el arte... más allá de nuestra propia existencia.
*Cierro la maleta*
Sólo eran cenizas.
Todo lo anterior, se queda ahí dentro, en un universo paralelo; eternos.
Ya nunca más seremos.
Huyo de ese agujero negro, y vuelve la que está aquí ahora...
Con las pupilas un poco rotas, el alma desnuda y la voz rasgada.
Pero eso sí, libre.
Ahora más que el amor, recuerdo cómo quemaba.
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