jueves, 2 de enero de 2020

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Este libro tiene una página más de la cuenta, quizás sea porque es un año par y redondo, que los doses dibujan un corazón y los ceros suman.

En este año no puedo imaginar qué almantes seguirán entre mis inspiraciones, pero hoy me dijeron que era una periodista del alma de esas que escriben historias y hacen que tengan sentido.

En este día 1, tengo un amor entre los dientes y un ojalá en el alma.

Quizás sea que los labios me saben a escribir y el pintalabios ha acabado en los vasos sin besos... 

Que mi último beso de 2019 fue el primero al que besé en ese mismo año, pero ahora parece tan lejano y cada vez huele menos a amor y más a despedida. 

Que el primer mensaje de 2020 no fue para él, ni en los doce deseos de las uvas retumbaba en mi alma. 

Quizás resultó ser que el 2019 revolucionó mi ser a última hora como quien marca un penalti en el último minuto de prórroga. 

 Quizás solo sean las ansias de un año con el propósito de escribir y vivir nuevas historias sin títulos de película pero con guión para un Óscar. 

Quizás soñaba con encontrar hoy aquel pañuelo que un día perdí en forma de ojos pardos, que ese chico tiene una sonrisa que no me cabe en el alma... 

Quizás simplemente sea una excusa...  Para gritar que estamos vivos, que este año será el año de todas las historias. 


Querido 2020, no sé cómo acabarás... Pero me he prometido escribirte todo lo que he callado en tantos silencios. 


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