Eso ocurrió desde que reapareció en mi vida el fantasma del amor en los tiempos del Cólera o Jeff Buckley. Todo junto era la mezcla perfecta de nuestra historia, pero ahora todo era el sabor de almendras amargas y una canción sin objetivo.
Y seguí respirando, como si el oxígeno que antes me daba la vida ahora fuese una mera forma de sobrevivir, pero subir a los picos más altos me hizo darme cuenta de que era la belleza del mundo el oxígeno de mi alma.
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