No te pongas celoso, que aunque no lo parezca estoy dándoles cañonazos pero para que se vayan.
Que ni borracha te olvido.
Que joder, que estás en mi cabeza hasta cuando otra mano me roza.
Que si encima luego apareces y tú me rozas.
Cómo quieres que intente no besarte, si te acercas;
y encima me provocas.
Que no puedo resistirme a tu cuello y menos a tus andares.
Y yo, que bien me puse aquel vestido negro más tuyo que mío.
Yo ahí estaba, feliz cuando te robé un beso de esos, en esos labios que son tan míos, como tuyos los míos.
Rompecabezas que se arregla cuando se tocan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario