viernes, 21 de octubre de 2016

P.

Al pasado, de vez en cuando hay que escribirle, sobre todo cuando grita.

Recuerdo octubre a tus pies y con tus venidas.

Un octubre triste, con tus fiestas extrañas en las que desaparecías, en las que nadie sabía dónde dormías y todos señalaban a ella.

Ella. A veces aparece un «ella» y un «él» que lo cambia todo. Hace meses que no te escribo, pero me siguen preguntando por ti. Fantasmas y centinelas.

Ahora quizás yo sea ese «ella» en pasado, o presente de algún ente.

Ya no me muero al reescribirte. De vez en cuando me visitan los dulces recuerdos, pero ya no muerden. Y de vez el cuando el dolor me roba un poco de aliento cuando me invade.

Viajé, como siempre hice. Desaparecí, y cuando estuve a punto de volver a encontrarte el destino me giró como una peonza.... me llevó a un principio diferente, a uno de siempre.

Pero nunca intenté sustituirte, porque nunca repetiría el mismo error de hacer y hacerme tan sumamente infeliz.

El respeto, el valor, la lealtad... son principios que se quedaron huecos en nuestro abrazo.

Nunca pensé que mi mente podría llegar a quedarse en blanco de tu presencia, te lo juro.

Y escribo esto recordado tu nombre, pero ya no te conozco, nunca lo hice.

Injusto, quizás. Una promesa de eternidad tirada al mar.

Esta carta es como una postal que se pierde y llega tarde....

Tan tarde que no dice nada...

Tan tarde que te demuestra que no quedaba nada.

Espero que seas feliz, te encuentres y la encuentres.

Todos tenemos derecho a ello. Los dos teníamos derecho a esto.

Vivir... en paz.

Abandonar por fin esta guerra.

Vuela, seguiré volando.

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