En la más absoluta oscuridad de una noche llena de estrellas llega.
Por casualidad, desde siempre.
Una cita como las de antes, mariposas como las de hace años.
Un quizás entre los dientes, una sonriss permanente que espanta nubarrones.
Llega la dulzura más bonita de un roce, el motor de un coche suave que arranca hacia quién sabe donde, un destino caprichoso.
Un beso lleno de estrellas, vertiginoso.
Quién me iba a decir que despertaría al día siguiente en un nuevo sueño.
La taquicardia de la incertidumbre...
Quién nos iba a decir que llegaríamos a esto.
Que espantaríamos los pasados, que llegase un torbellino repleto de calma incandescente.
Dos domingos. Toda la vida por detrás...
El vértigo de la magia.
La excusa perfecta para ser feliz.
El terror a despertar del sueño...
Recordar, que estuvo aquí.
Nunca pude imaginar tanta dulzura, tantas ganas de hacer de dos días una eternidad.
Gracias, A.
22.2
Las casualidades más bonitas, incluso una fisura en un meñique, tan insignificante puede dar lugar a algo, quizás tan grande.
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