Cuando te sinceras contigo misma, te desangras
... a veces ser honesta con una misma es lo más difícil.
Aceptar lo que sientes, y por quien.
Ser consecuente con tus propias emociones...
Aceptar que a veces se deja de querer, aunque no quieras. Que el amor que te sirven en bandeja de plata...
Deja mucho de amor por el camino y la bandeja se oxida.
Que quizás ya no hablemos del como sino del quién.
Y quizás el amor nos espera a la vuelta de la esquina, un amor valiente, un amor maduro.
Un amor que no tenga complejo de caracol, que solo esconda los cuernos y llene de babas a su paso.
Y me di cuenta de que para eso primero he de estar conmigo misma... comprenderme poco a poco, y escribir... como cuando era niña, cada resquicio de amor de amor de mi vida.
Escribir aceptando que quizás el sujeto omitido algún día ya no será el mismo.
Un nuevo libro.
Comieza hoy la sonrisa perdida que encontré en dos puñados de pulseras azules de tela con calaveras ....
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