Me muero de vértigo en el vértice de tu sonrisa,
la incertidumbre de que quizás todo sea pasajero, el miedo al fin del comienzo...
La calada que le da tu mirada a mi alma.
La calma que traes con nuevos caminos.
Joder, apenas te conozco desde siempre, y ya me quedaría en tu alegría...
El rubor de encontrarte, de que llenes de atardeceres mi mirada...
Llenes los vasos de historias y risas.
Y, sin rozarme, me hagas ser magia.
De puntillas sigo, no vaya a ser que despierte...
Descalza bailo, no vaya a ser que tropiece.
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