Tengo grietas en los labios y las pestañas.
Grietas de sonreír fuerte incluso cuando pesa el alma.
Tengo las pestañas amordazadas por las lágrimas que ya no caen ni a punta de pistola.
Llevo un carmín que solo lo deshacen los sueños, cuando no estoy mirando... y amanezco con cicatrices de guerra en el espejo.
Noches de sueños salvajes, de librar la intensa lucha cabeza-corazón.
Donde al amanecer quedan secuelas.
Noches que son las únicas que me desnudan y me desvelan.
Demasiadas pesadillas o quizás, demasiada verdad.
Que el espejo y el carmín deshecho revelan: soledad.
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