viernes, 20 de enero de 2017

Somos etéreos.

Nada de lo que ves, es real.

Cuando llueve, llueve de colores pero tienes la sensación de que el agua es transparente.

Los charcos revelan el color de las ciudades.

El mar los del cielo, el cielo: en realidad es negro, la nada.

Cuando cierro los ojos, los colores siguen vivos, sueño en colores, le pongo colores a los olores, a las caricias y a los besos, pero nunca al amanecer.

El amanecer es el único color que me encanta desnudo.

Pero de pronto, desaparece.

Al igual que desaparece el color de las estrellas fugaces, del viento, del amor y de la magia.

También pinto las palabras, de vez en cuando. El color de mis huellas o el de las pestañas....

A veces la música crea nuevos colores...

Pero ninguno existe de verdad.

Todos tienen sentido en mi mente, únicamente.

Sin embargo, lo que más miedo me dan son los pigmentos de las personas, cuando te pintan la piel y el alma.

Pero en el fondo de tu ser, tienes la certeza de que ese arte tan bonito llegará una mañana en la que ya no exista.

Porque todos los colores solo yo pude verlos... e inocentemente volveré a caer en la trampa de pensar de sentir que puede que esos colores se queden un ratito más n

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