Sus manías eran fuego y revolución.
Le encantaba ir desnuda por la casa.
Contar las estrellas con frío en invierno.
Sin duda, era poesía en cada beso y nunca dejaba un «te quiero» para después.
Estaba loca, y joder. Me volvía loca cada vez que intentaba callarla.
Se moría de cosquillas con un solo roce, pero se volvió tan fría que no existían manos que pudiesen acariciarla.
Lo más mágico era cuando se dormía en sus brazos y él intentando vestirla comenzaba una nueva revolución.
Andaba de puntillas, del revés, posando sus huellas en las nubes.
Follar solo lo hacía cuando fallaba, el sexo era otra historia de colores fluorescentes.
Ardía cuando el frío la rozaba.
Y sus manos siempre calientes se volvían frías, con él. Homeostasis de calor, era magia.
Mágica incluso ante la tristeza,
Mágica incluso ahora, casi tan desaparecida.
Mágica incluso ahora, casi tan desaparecida.
Camina ligera por su calle, que cada vez que la cruza tiene colores distintos, pinta las fachadas acariciando las paredes: "vas a acabar con los dedos negros".
Aún existen adultos que no entienden que hay paredes que también cantan.
Ella y sus manías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario