Odio las injusticias,
que tomen mi ingenuidad por el pito del sereno.
Odio que por ser niña no tengan derechos mis argumentos a ser considerados de mujer.
Odio las mentes cuadriculadas, preestablecidas y llenas de argumentos, que no sirven para nada más que otra cosa que demostrar pedantería.
Odio las personas que te hacen sentir pequeña.
No hay nada en la vida que me duela más que una mentira, eso lo heredé de mi madre.
No soporto que cada día acabe con un abrazo de menos.
Siento cómo me congelo y me pierdo.
No soporto escribir mis diez mandamientos del odio y luego a los cinco segundos no estar enfadada.
Porque lo que más odio por encima de todo, es enfadarme.
Entonces, aunque sea por un instante, se desata un incendio irrevocable.
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