viernes, 20 de enero de 2017

Huellas.

Llegaron mis huellas, se frenaron frente al norte.

Entonces todas las direcciones se encontraban marcadas en el suelo:

Personas.

Almas errantes, que quizás se encontraron pero todas siguieron caminos diferentes.

¿Qué sentido tiene?

Cada uno paralelo y perpendicular, sin miradas tangentes que se recuerden para siempre.

Almas que se congelan en el recuerdo casual sin calor.

Que se derriten a los pocos días, efímeros.

Etéreos, nos convertimos en esencia que no muere, pero tampoco existe. No queda esqueleto cuando todo desaparece.

Y no existen buitres capaces de hacer de esa muerte un manjar.

Pero quizás, con alguna palabra podamos convertirnos en eternos.

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