Llegaron mis huellas, se frenaron frente al norte.
Entonces todas las direcciones se encontraban marcadas en el suelo:
Personas.
Almas errantes, que quizás se encontraron pero todas siguieron caminos diferentes.
¿Qué sentido tiene?
Cada uno paralelo y perpendicular, sin miradas tangentes que se recuerden para siempre.
Almas que se congelan en el recuerdo casual sin calor.
Que se derriten a los pocos días, efímeros.
Etéreos, nos convertimos en esencia que no muere, pero tampoco existe. No queda esqueleto cuando todo desaparece.
Y no existen buitres capaces de hacer de esa muerte un manjar.
Pero quizás, con alguna palabra podamos convertirnos en eternos.
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