domingo, 8 de enero de 2017

OCHO

El ocho siempre fue un número que me gustó, quizás porque nací el mes ocho, o simplemente porque va después del típico siete.

El ocho es el número de la revolución, de la bola negra, el futuro y también el infinito si sabes mirarlo.

Ocho segundos son los que dura el primer beso, casi siempre seguidos de un segundo de algunos segundos más.

Ocho fueron los amores de verdad que sentí, pero nunca tuve. Empezando a los 5 con el roce del bolsillo de un chándal era suficiente; 10 con tocarle el pelo bastaba; 11 me encantaba escucharle leer en clase; 12 sentir una amistad heterosexual tan grande dio lugar a muchas confusiones; 13 el pelo azul; 15 una regleta de la luz y un roce de manos dio lugar a 4 años de contacto por whastapp; 17 el primero en todo, incluso en un parasiempre, demasiado dolor ya cicatrizado; a punto del 19, un amor luz en plena tormenta, ninguno de los dos sabemos muy bien qué nos pasó, quizás no fue tanto, quizás fue demasiado.

De esos ocho no olvido ninguno, pero tampoco los siento. Hicieron revolución en mi pecho, a todos les escribí palabras de alma... pero el viento, disfrazado de tiempo, hizo con ellas lo que le dio la gana.

Luego llegaron ocho amantes. El 1 fue considerado mi primer novio pero no era ni una cosa ni la otra, el 2 fue un golfo disfrazado de dibujos animados, el 3 fue un hombre que me prometió amor, pero era demasiado pequeña para que permitiésemos que tal cosa ocurriese pero sí pasó todo después sin llegar nunca a nada, el 4 fue un chico al que cuando besé me prometí que nunca volvería a hacerlo, el 5 fue un poeta que pasó una vez y no más, el 6 fue un italiano con el que pensé que nunca volvería a pasar nada, el 7 fue de toda la vida pero simplemente virtual, a pesar de que vivíamos en la misma calle. El 8 pudieron ser muchos, pero el chico Grease quizás merece ser mencionado.

Luego tuve muchos almantes.

Pero TE QUIEROS que son los que cuentan, caben en los ocho primeros.

Todos los anteriores, y los que no se merecen aparecer en esta lista, fueron tan intensos que casi acaban con mi mundo en más de una ocasión.

Y ahora, que es ocho de nuevo y como principio, hago recuento y me sorprendo, de todo cuanto viví y sentí, y la necesidad inminente de empezar el ocho desde cero, y dejarles a todos ellos la huella de un parasiempre que no tendrá más sentido.

Este ocho es en primera persona del singular: mí, me, conmigo.

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 Estoy a un paso de volverme loca de remate.  Las cosas que no encajan, los mensajes que no terminan de ser resueltos, las dudas infinitas. ...