Pertenecemos a ese número abstracto en el que queremos desaparecer del mundo.
Cobardes que no estuvieron a las alturas de su propio salto.
Ingenuos que creemos que todo lo que esperamos pasará sin tener en cuenta la serendipia de la vida, caprichosa y sin preludio.
Somos unos imbéciles, desparecemos del mundo para creernos valientes.
Nos carcome la mierda del día a día, para vivir en blanco y negro, olvidando todo atisbo de color.
Desahuciamos a los locos, los tachamos de ignorantes, cuando ellos viven como quieren, llenos y eternos.
Envidiamos la sencillez, aun teniénda ante nuestras narices.
Y dejamos que la sociedad nos mate lentamente, con la sangre brotando por el doble filo de la sociedad.
Nos creemos Fénix y no llegamos a colibrí.
Somos unos hitriosos. Todos, y no se salva nadie del vacío angustioso tras leer el diálogo impuesto de moral pedante y prepotente.
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