Los que siempre vuelven...
Me pregunto cómo escapar de bucle emocional, cómo salir de una vez de la espiral de recaídas, como si el mero hecho de sentir fuera la peor de las adicciones.
Soy:
Adicta al sentimiento, a la alegría, a la decepción, al amor, al vértigo.
Adicta a saltar desde el precipicio y luego sentarme a mirar las montañas mientras se inunda mi alma de lágrimas.
Adicta a las estrellas fugaces.
Adicta a lo etéreo con la esperanza secreta de que algún día se convierta en eterno para el mundo, aunque para mí ya lo sea.
Adicta a los suicidios emocionales, de acribillar mis venas con palabras, poner a secar el resto de huesos y piel a la luz de la luna y a la mañana siguiente amanecer compuesta de ganas y fuerzas para volver a jugarme la vida.
Las personas por las que en un arrebato lo destrozas todo, y tras devastarlo todo con el huracán te das cuenta de que no era lo que querías...
Las personas con las que te escapas a un museo un martes y te hacen de nuevo ser libélula y arte.
Los hombres por los que no dejaré de escribir nunca. Gracias a que existen en mi mente, en mi caos.
A los que vi hacerse hombre, los vi crecer y fallar... con los que paramos el tiempo y llegó un día en el que tuvimos que aprender a despedirnos.
Al que regalaste nieve, con el que bailaste sin pensar en si le pisarías los pies y la vida giraba.
El que conociste y lo intentaste a pesar de que los trenes siempre fueran discontinuos.
Al chico de artes que nunca olvidarás.
Cada vez resumo más la lista unas pocas anécdotas.
Anécdotas... eternas...
Aquí y hasta que mi memoria falle en mis palabras...
Seguiré siendo la caótica de ojos de loca que una vez, aunque fuese por un instante pudieron conocer.
Los que me vieron real...
A ti, que en el caos de una despedida recuerdo todas las anteriores, todas diferentes y a la vez la misma.
Ojalá joder.
Ojalá entre tantas frases sueltas consigas leer entre líneas.
Caótica cuando callo, cuando todo lo que tenía por soltar se amontona en un puñado como este...
Cuando realmente no tengo nada que contar, salvo que estoy viva.
Que sigo viva, que recuerdo y pocas veces olvido.
Que siguen vivos, todos
que estás vivo, tú.
Que a pesar de ser idiotas; sigues aquí.
Hasta la vida.
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