Hoy mis sueños han decidido visitarme, esta noche. Un poco torpes, trayendo fantasmas del pasado en nombre del primer él que desapareció.
Hoy mis sueños han decidido visitarme, lo mejor de todo es que en sueños hablo con ellos. Ahí también escribo y arreglo en mundo.
En mis sueños ya no me hacen daño, ya no es un ojalá ni tan siquiera debería llamarlos sueños. Simplemente aparecen, buscándome que vuelva a ser la de los precipicios.
Pero he descubierto que me gustan más las orillas del mar, por lo menos ahora; en un atardecer.
Hace tres días que se acabó un sentimiento, miento al decir que se acabó pero sí es cierto que ya no duele tanto.
Al final va a ser verdad eso de aprender a despedirse, pero aunque nunca quise sí es cierto que necesitaba dejar ir, soltar y sin reproches respirar y poder soñar.
No hay nada como poder dormir tranquila por las noches, contigo misma. Abrazar el edredón sin miedo, dejar volar los pensamientos.
Y si ocurre como anoche que llegan con ganas de revolución, yo los siento en la silla de pensar de mi corazón y les explico qué pasó.
Entonces parecen que lo entienden... los sueños más revoltosos no se conforman con explicárselo una vez, necesitan muchas.
Pero al igual que con las heridas, ellos también necesitan que se les trate con paciencia, que les hablen con cariño... pero que nunca les culpen por soñar.
Ellos seguirán soñando conmigo, pero han prometido hacerme el favor de no soñar nada que haga daño...
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