viernes, 12 de enero de 2018

Miedos.

El miedo es encontrarte de golpe con las ideas rebotando contra la pared. Olvidar lo importante y volver hacia atrás.

Miedo es cortar la mierda de hilo, que no es hilo pero tampoco es mierda y con ese mismo hilo poco a poco te vas asfixiando.

Miedo es despertarte una mañana y ver que todo fue el espejismo de un sueño. Sentir como se parte el reloj de arena y desaparecen las miradas.

Miedo es notar un tono de voz con un toque de frialdad y olvido.

Miedo es el frío que da el viento, que te sacude y casi te vuela.

Miedo es cerrar una puerta que si la vuelves a abrir algún día sólo verás laberintos de respuestas de todo lo que podrías haber hecho.

Miedo da perderse y no encontrar luz.

Miedo es ser miedo.

Miedo es meterte en una armadura y no reconocer ni tu rostro.

Miedo es sentir torpes tus movimientos y cómo se te escapa el tiempo.

Miedo es dejarlo todo «para cuando sea el momento».

Miedo es abrir los ojos y no ver nada...

Miedo de tener miedo de la palabra amor.

Joder ... por las noches los miedos se despiertan, se enredan con mis sábanas y me acarician hasta dormir.

De golpe entre tantos mieditos pequeños aparece una luciérnaga y me dice: ¿De verdad te merece la pena tener miedo de estos miedos? Sácalos a la calle, no los dejes entrar. Y haz del frío tu arma de doble filo para acabar con ellos.

Me repitió la luciérnaga: ni uno de esos miedos tiene un solo motivo para seguir viviendo.

Entonces los solté y soñé.

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