El miedo es encontrarte de golpe con las ideas rebotando contra la pared. Olvidar lo importante y volver hacia atrás.
Miedo es cortar la mierda de hilo, que no es hilo pero tampoco es mierda y con ese mismo hilo poco a poco te vas asfixiando.
Miedo es despertarte una mañana y ver que todo fue el espejismo de un sueño. Sentir como se parte el reloj de arena y desaparecen las miradas.
Miedo es notar un tono de voz con un toque de frialdad y olvido.
Miedo es el frío que da el viento, que te sacude y casi te vuela.
Miedo es cerrar una puerta que si la vuelves a abrir algún día sólo verás laberintos de respuestas de todo lo que podrías haber hecho.
Miedo da perderse y no encontrar luz.
Miedo es ser miedo.
Miedo es meterte en una armadura y no reconocer ni tu rostro.
Miedo es sentir torpes tus movimientos y cómo se te escapa el tiempo.
Miedo es dejarlo todo «para cuando sea el momento».
Miedo es abrir los ojos y no ver nada...
Miedo de tener miedo de la palabra amor.
Joder ... por las noches los miedos se despiertan, se enredan con mis sábanas y me acarician hasta dormir.
De golpe entre tantos mieditos pequeños aparece una luciérnaga y me dice: ¿De verdad te merece la pena tener miedo de estos miedos? Sácalos a la calle, no los dejes entrar. Y haz del frío tu arma de doble filo para acabar con ellos.
Me repitió la luciérnaga: ni uno de esos miedos tiene un solo motivo para seguir viviendo.
Entonces los solté y soñé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario